dijous, 27 de novembre del 2008

TARANCÓN, ENTRE EL RECORD I L'OBLIT



Avui fa, exactament, 14 anys del traspàs de Vicente Enrique i Tarancon, l'enyorat Cardenal i el fill adoptiu de Vila-real més universal i estimat pels vila-realencs. Un home partidari de la reconciliació en un Estat espanyol on, com deia el poeta Machado, sempre s'ha anat al darrera dels capellans, amb ciris encesos o a pedrades...

Avui, a 70 anys vista de la guerra civil i després de 30 de democràcia, el Cardenal Tarancón és un personatge històric, amb una vida i una obra digna d'estudi i de reflexió, precisament quan es viuen, com sempre, temps convulsos, mentre continuen sent notícia, per part d'uns i d'altres, massa coses superades a d'altres estats europeus de tradició cristiana i/o catòlica, com ara França, Itàlia o Bèlgica, per exemple.

Per què l'Estat espanyol no pot tenir una legislació homologable en matèries consensuades, des de fa molts anys, a les democràcies occidentals com ara l'ensenyament (a tota Europa hi ha una matèria de Ciutadania), la sanitat (les lleis d'avortament, per exemple), la separació Església - Estat, etc... o és que encara hi ha molt de botijo y pandereta a la majoria de púlpits i parlaments?

Rellegir els escrits, la biografia/bibliografia sobre el Cardenal Tarancón, o el següent article d'Enric Juliana, a més d'una invitació a la reflexió des de la serenor, sempre pot aportar-nos una mica de llum als pecadors, però també als més fidels, més infidels i, fins i tot, als més justos...

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Saber olvidar. Enric Juliana, 25/11/2008. LA VANGUARDIA

"A veces es necesario saber olvidar para lograr una auténtica reconciliación", dijo el presidente de la Conferencia Episcopal a propósito de las actuales turbulencias de la memoria histórica en España
"A veces es necesario saber olvidar para lograr una auténtica reconciliación", dijo ayer el presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Antonio María Rouco Varela, a propósito de las actuales turbulencias de la memoria histórica en España. Saber olvidar. Esa idea también estaba presente, ayer, en la magnífica entrevista de Lluís Amiguet a A. J. Hobsbawm, el último de los grandes historiadores marxistas europeos, en "La Contra" de "La Vanguardia", una de las secciones más leídas de nuestro diario. Decía Hobsbawm: "Creo que cierto grado de olvido de las pasiones y odios es esencial para la continuación pacífica de una sociedad civilizada después de un periodo que no fue civilizado".

He ahí una interesante convergencia de criterios entre un cardenal de la Iglesia católica y un intelectual marxista, en un momento en que ya nada queda del diálogo entre católicos y marxistas que se produjo en Europa Occidental, básicamente en la Europa latina, en los años inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II. Esa aproximación generó una cultura política de largo recorrido, cuyos ecos aún no se han apagado del todo. En la Iglesia tomó el nombre de "aggiornamento" (puesta al día) y en el campo marxista derivó en el reformismo eurocomunista, duramente criticado por la pléyade de partidos de extrema izquierda que florecieron en los años sesenta y setenta, influidos muchos de ellos por la versión más rigorista del cristianismo social. La confluencia "catocomunista" ha sido determinante en Italia y tuvo su influencia en la España de la transición. En Catalunya, de alguna manera pervive en el actual gobierno tripartito.

El cardenal Rouco, sin embargo, no busca el diálogo con los marxistas. Ni Hobsbwam teoriza una nueva alianza con los católicos. Nada vuelve, aunque, a veces, lo parezca. El presidente del episcopado intenta situar a la Iglesia española en un plano aparentemente conciliador en un momento en que la Guerra Civil y el franquismo son objeto de una renovada pasión generacional. Y el historiador británico, de 91 años, traza perspectivas a partir del actual desplome de la economía occidental.

"A veces es necesario saber olvidar" es una afirmación inteligente, que sugiere, sin embargo, una pregunta no muy cómoda para la Iglesia católica. ¿Después de cuarenta años de complicidad con el franquismo, después de jugar un papel moderador e inteligente en la Transición, por qué la Iglesia decidió no olvidar y comenzó en los años ochenta y noventa la beatificación en masa de sus víctimas en la Guerra Civil?

Los papas Juan XXIII y Pablo VI trabajaron para cerrar heridas en España. Su longevo sucesor, Juan Pablo II, decidió remover la historia –decidió no olvidar--, en la medida que el recuerdo de los mártires católicos en España (la expresión mártires es correcta: la mayoría de ellos murieron por su fe religiosa) rearmaba moralmente a la Iglesia en la fase final de la guerra fría. El "no olvidar" del Papa Wojtyla fue una pieza más en el tablero de la política internacional, cuando el general Vernon Walters visitaba el Vaticano por encargo de Ronald Reagan y transmitía al Papa polaco la información de los servicios de inteligencia de Estados Unidos sobre la creciente debilidad del bloque soviético. Seguramente por ello, alguien en el Kremlin, acaso Yuri Andropov, jefe del KGB, ideó un plan para asesinar al Papa, a través de los servicios secretos búlgaros, quienes a su vez armaron a un joven fanático turco llamado Alí Agca. Esa es la teoría más plausible sobre el fallido atentado contra Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro de Roma. El Vaticano nunca ha querido acusar directamente a Moscú de lo ocurrido.

Eso también es historia.

El "no olvido" católico ha alimentado el actual revisionismo de izquierdas, que el juez Baltasar Garzón, el justicialista Garzón, ha intentado cabalgar a lo grande, calibrando mal el alcance real de su movimiento. Si la Iglesia honra de manera reiterada a sus muertos en grandes ceremonias públicas retransmitidas por televisión a todo el mundo, quienes tienen un familiar enterrado en una fosa común, disponen de una razón de peso para no contentarse con una localización genérica y piadosa de los lugares donde yacen miles de víctimas republicanas no identificadas.

No hay reconciliación sin simetría. Posiblemente, lo mejor para España no sea la apertura masiva de tumbas (un millón de pisos por vender y miles de tumbas abiertas, he ahí una posible imagen tétrica de nuestro futuro inmediato). Posiblemente hay que hacer caso a Rouco y a Hobsbawm: saber olvidar y atemperar las pasiones. Llegados a este punto, la Iglesia católica, que hasta la fecha no ha efectuado ninguna reflexión autocrítica sobre su papel en la dictadura, tiene ante sí la gran oportunidad de predicar con el ejemplo.

3 comentaris:

TONI PITARCH ha dit...

On diu "avui", hauria de dir "demà divendres, dia 28", però quan he penjat el post, de segur, tenia moltes ganes d'encetar el cap de setmana... de Fira de Santa Caterina, de la qual en parlarem dissabte (açò ve a ser com el tràiler a les pel·lícules).

Anònim ha dit...

Tinc una amiga atea que diu que Tarancon ha sigut l'únic que, per poc, li fa creure en l'Església. Tal era el carisma del nostre benvolgut cardenal.
Quants Tarancons fan falta en el Vaticà!!! [i en la Conferència Episcopal]

Anònim ha dit...

Jo vaig ajudar missa en les vacances de Tarancon a Villa Anita. Ja fa uns quants anys d'això.

Oblit, exactament el mateix que es menciona a l'article em va venir al cap quan vaig sentir les declaracions. Oblidem, però només la meitat de les víctimes. Hui pareix que han rectificat, cal recuperar els morts però sense buscar culpables.

Laulauenlaseuatinta

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