dimarts, 15 de març de 2011

EL NEGOCI DE LA CRISI



Aquests dies, la tragèdia del Japó ha vingut a marejar encara més el clima poc optimista que es respira al voltant d'una eixida de la crisi. De tota manera, la classe política -encara que no s'hauria de generalitzar- continua envoltada d'una espècie de llençol eufemístic on es impossible contar les coses objectivament perquè això significaria eixir-se'n del camí d'allò políticament correcte. És a dir, moltes vegades s'opta per la mentida quan la veritat pot semblar molt dura per contar-la a una ciutadania a la que, quasi sempre, se'ns ha tractat com a menors d'edat.

Són tots els rics uns mafiosos o tramposos? No. Són tots els pobres persones marginades, honrades, que han estat tractades de forma injusta? Tampoc. Són tots els treballadors uns malfeiners que només volen cobrar sense treballar? Tampoc... Evidentment, generalitzar està molt lleig i el més desitjable, ara mateix, seria que la majoria d'empresaris es dedicaren a l'economia productiva generadora de llocs de treball, és a dir, de riquesa col·lectiva, més que individual, i que la majoria de treballadors es dedicaren a realitzar un treball de qualitat mitjançant un sistema que reconeguera la formació i els mèrits individuals com a únic mecanisme d'accedir als llocs de responsabilitat en la cadena productiva...

De tota manera, s'ha de reconéixer que a una societat on la igualtat d'oportunitats sempre ha estat un objectiu a llarg termini, més que una realitat palpable, i on el capital i el negoci de les minories sempre s'ha fet valer per damunt de l'interès general de les majories perquè el negoci continua primant sobre l'Ètica (només cal pensar en els intercanvis comercials dels països democràtics amb les dictadures pures i dures, com ara Líbia, Xina i d'altres governades per oligarquies) és d'agrair que, de tant en tant, apareguen autors, autora en aquest cas, que trenquen les barrers d'allò considerat políticament correcte per afrontar la dura realitat amb les veritats pel davant: Hi ha hagut molt d'empresari i molta empresa que s'han forrat fent trampes (esquivant Hisenda a l'Estat espanyol, per exemple) i continuen forrant-se amb l'excusa de la crisi que és, darrerament, l'argument fonamental per condemnar la nostra joventut a uns salaris miserables, a treballar en negre, per no parlar directament d'explotació econòmica del jovent als que, dretes i esquerres (?), els estan hipotecant el futur... Pot semblar apocalíptic, però amb la crisi no estan perdent tots.

La contra, una vegada més, ens aporta pesimisme i llum, entre tant de fum, propaganda i eufemismes políticament correctes per allargar el negoci de la crisi: sang, suor i llàgrimes, sí, però per a tots... per als Churchills de torn també!



"Tras forrarse con trampas nos aplican la cultura del esfuerzo"

Disfruto cada segundo de ser vieja, porque me hace sabia para volver a evocar y sentir lo vivido. Nací sefardí en Marruecos, crecí en EE. UU. y vivo en Israel: soy de todas partes o de ninguna. Los hijos son la última religión universal, y yo creo: tengo tres. Colaboro con el CCCB.

Eva Illouz, filósofa; deconstructora de la autoayuda, la psicología y las nuevas religiones...

LA CONTRA, Lluís Amiguet (La Vanguardia)

Durante siglos, el ideal del hombre culto era el equilibrio.

¿En qué sentido?
Lograr la ausencia de emociones intrusas en la paz del alma. Si las dominabas, alcanzabas la ataraxia.

Y si no, eras un esclavo de tus pasiones.
El cristianismo transforma ese ideal de la paz interior en el de “la paz de Dios”; y las pasiones, en pecados. Y va un punto más allá en cuanto a reprimir el sexo. Ahora ya no se trata de no practicarlo: eso es fácil...

¡Qué me va a contar!
El cristiano debe conseguir no desearlo. Y eso requiere un cambio profundo en su conciencia, que es lo más importante de su vida.

Entonces el dinero era un pecado más.
Hasta el protestantismo, que da una vuelta de tuerca materialista a ese ideal; ya no se trata de dominarse y contemplar a Dios en la pobreza; para ser bueno y feliz debes trabajar duro y ser honesto y así llegarás a rico, que equivale a ser santo. Y, con esa moral victoriana, Inglaterra conquista el mundo.

La cultura del esfuerzo que hoy revive.
Siempre vuelve en las refundaciones del capitalismo como la que ahora vivimos. Esa moral victoriana niega la buena suerte, porque, para un buen hombre, la buena suerte sólo es el fruto del trabajo duro de cada día.

Y habría que tener algún talento...
El talento supone haber tenido la fortuna de nacer con él, y la moral victoriana sólo reconoce lo ganado con esfuerzo y honestidad.

Siempre recompensados... En el cine.
Se trataba de que aceptaras el orden establecido, y, a cambio, te brindaban la ilusión de que había una escalera social para que cualquiera –con o sin talento o apellidos– que sudara lo suficiente llegara a ser rico.

¿Y usted no cree en ese esfuerzo?
Yo creo en la historia, que muestra la cantidad de casualidad y a menudo desvergüenza requeridas para amasar fortunas. Después, el mito lo forjan los ganadores, que suelen preferir que se les admire por sus méritos personales que por su suerte, porque, como ellos, puede tenerla cualquiera.

¿Por qué vuelve esa moral victoriana?
Porque el colapso financiero ha puesto en evidencia que quienes manejan el sistema hacen trampas y aun así al fin acaban ganando. Y eso hace sentirse idiotas a quienes no las hacen y van a trabajar cada día.

También hay quien disfruta su trabajo.
Para controlar y regenerar el sistema deben volver a convencernos de que si trabajamos duro, tendremos recompensa. Por eso ahora resucitan la cultura del esfuerzo para neutralizar la de casino y la del favor político, que acaban de demostrar que sí son efectivas.

¿Y dónde está la felicidad?
En el XIX estaba en la honradez y en la riqueza, hasta que el psicoanálisis y la psiquiatría, que hasta entonces sólo se habían preocupado de los enfermos mentales, crean una categoría genial: los neuróticos. Y en los 70 democratizan la enfermedad mental.

Ya puedes ir al psicólogo sin estar loco.
Neurótico es cualquiera que sufra un conflicto interno. Es una gigantesca operación de marketing sanitario: si te enamoras de una chica, pero no te conviene, tienes un conflicto y tal vez una neurosis; o si te peleas con tu padre o los vecinos o con tu perro..., tienes conflictos y eres un neurótico.

Y tal vez necesites medicación...
Antes que las píldoras, los psicólogos conciben otro provechoso invento: la autorrealización. Ya ni siquiera necesitas un conflicto para ir a terapia. Ahora, basta con que no te "sientas realizado" para cobrarte la visita.

O al menos para venderte su librito.
Cualquiera puede pagarse ese libro que le ayude a realizarse. Y entonces aparece toda una narrativa –en su mayoría, banal– para ayudarte a realizar “todo tu potencial”.

Género en auge.
Si trabajas mucho, eres workahólico y necesitas ayuda, pero si trabajas poco y no eres ambicioso, también necesitas ayuda, porque te falta autoestima... Debes ir a terapia.

Y se titulan por miles los psicólogos.
Nuestra vida se ve invadida por su palabrería: si te gusta el sexo y lo practicas sin cesar, eres sexoadicta y tienes miedo al compromiso; pero si, en cambio, te enamoras perdidamente de alguien y le eres fiel, eres dependiente e insegura de ti misma.

¡Qué estrés!
El gran cambio respecto a san Agustín o la moral victoriana es que hoy tu objetivo es inalcanzable: está siempre en movimiento.

Y la cartera, tras él...
Te convencen de que debes estar toda tu vida “trabajándote” y para ello necesitas guías, terapia, libros, consultas, pastillas...

¿Y si vas a tu bola y punto?
Somos humanos y requerimos de marcos de referencia e instituciones, pero, como están en crisis, sólo nos queda la psicología para buscar algo de coherencia. Así que ellos siguen ganando. Y ahora, con pastillas: se muere un familiar, te las dan para superar el luto; te abandona la pareja, igual. Llorar, que era lo más natural del mundo, hoy es un trauma que debe tratarse a pastillazos.

Se han medicalizado los sentimientos.
Y las carreras. Un profesional ahora debe lograr lo imposible: ser cordial con sus compañeros, pero competitivo; buen jefe, pero también buen amigo; ser simpático, pero no demasiado, porque sería débil... Ni muy enérgico, porque sería autoritario. Por eso también necesita coaching psicológico.

¿Y si te aceptas como desastre?
Siempre habrá gurús dispuestos a ayudarle: esté tranquilo.

Creo en ser madre
"Los hijos son la única y la última religión universal: se lo damos todo sin esperar nada. Tan sólo nos brindan una vaga promesa de recordarnos tras la muerte. Hoy la paternidad es el más abnegado y generoso de los sacerdocios contemporáneos. Porque la religión ocupa cada vez menos espacio en nuestras vidas, pero nuestras vidas tienen espacios cada vez más religiosos: regale una cena romántica a su pareja y verá cómo las luces, los vestidos y el menú se convierten en símbolos que separan lo cotidiano de lo sagrado y así crean un ritual ¿una misa de pareja¿ que, como todo rito, renueva un vínculo entre dos: lo fue entre Dios y los creyentes y hoy es entre los dos creyentes en un mismo amor"

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